Cada día, al oir a los pajarillos cantar, corro por los pasillos, abro los ventanales de mi casa en el campo llena de flores, y me siento debajo del jacarandá para oir el canto de los pájaros. Me quedo largo rato tendida sobre los pastos secos, conversando con cada uno de los silvidos que omiten los gorriones, los trailer, las torcacitas y otros pájarillos que acechan por la mañana en mi ventana, haciendo sus nidos y despertando a mi marido. A veces, aunque llueve, corro detrás de las torcacitas que visitan mi jardín , familias enteras, formadas del más grande al más pèqueño,y cuidándose mutuamente. Es increíble la vida de los pájaros, ellos, son increíbles, ojalá nosotros fuéramos la mitad de inteligentes. Los días en que amanezco con pena, esa pena sin razòn, pienso en mis pajaritos, me siento casi una torcaza cuando pienso en mis hijos, los que ya no son pequeños, se han ido a la ciudad a cuidar de su propia vida, aquella que avanza igual que las páginas de un libro, mientras más disfrutamos la lectura , más rápido avanza. Todo lo bueno y agradable debiera de ser eterno digo yo, pero eso es imposible, por qué cuando somos jóvenes queremos que la vida pase rápido?, es más, ni siquiera tenemos la conciencia de la vida, de que termina en algún momento , de que somos vulnerables. Cuando somos pequeños todo se nos hace eterno , y cuando nos damos cuenta de lo que es la vida, cuando llegamos a entender , y aprender de las cosas que hicimos mal, ya es cuando estamos maduros, y digo, sí que somos cabeza dura no?, y ahí recién sentimos con una verdadera conciencia de que la vida ha sido tan corta, y tan rápìda...pero, a pesar de eso, a veces me pongo a pensar, y hago un reconto de mi vida y fácilmente de tanta cosa que he vivido, ha sido más que larga y agradezco por eso, pues, siento que sin ser presumida, he aprendido bastante de ella., y , al pasar los días, los instantes, y los momentos, y los acontecimientos que trae esta llamada vida, a veces , en las mañanas mientras rezongo entre bostezo y bostezo porque debo levantarme, me pongo a recordar, dejando un par de minutos para compartir conmigo misma pasajes convertidos en peliculas de mi vida.
Recuerdo que debo haber tenido unos 8 años, y mi padre nos leía libros de las" Mil y un Noches", libros que en su texto para mayores de 21 años,- por supuesto no eran para una niña de 8-, él se las arreglaba para convertir los episodios en aventuras infantiles.- Aquella rutina, la que era cada noche, nunca terminaba para mí, eran eternas, no tenían tiempo, así como era mi madre siempre joven y mi padre siempre alegre. Nada es atemporal, sólo las películas los libros,la ficción y la fantasía, como esta que hoy les quisiera narrar..
Mi padre decía, acostúmbrate a cantar cada vez que toques un instrumento, en este caso tu guitarra... yo tenía 8 años.
I
Mi sandalia vieja se me salió, y quedó atrás , debajo de la mesa de la cocina, el gato escapó con ella, nunca más veré mi sandalia, y tanto que me gustaban pensé en aquel instante. Entré a mi piecita, una pequeñita, igual que yo, tenía un color azul,el que me encantaba, mis muñecas , cochecitos , libros de cuentos, Pequeñas Lulú, La Zorra y el Cuervo, Tobi , El pato Donald, Libros de canciones, y muuchos osos de peluche de diferentes colores que se mimetizaban entre el azul, sobresaliendo a veces uno que otro juguete como si fuera en 3ra dimensión, era como entrar al cielo, y eso me gustaba..Pero lo que más yo adoraba, era sentir a mi abuela cuando me llevaba el desayuno, pancito tostado y milo con leche. mmmmm que sensación más rica! nunca la olvidé, siento el aroma del milo cuando se lo preparo a mi hijita Amanda, -de quien les contaré más adelante,- y me transporto a ese tiempo, sintiendo claritas las chancleteadas de mi abue.
Miré por la ventana, y ahí estaba mi gato, lamiéndose las patas, ahí estaba bajo la luz de luna, le brillaban sus ojitos cada vez que volteaba su cabeza para mirar a otros de su especie. Me quedé contemplándolo , de rabillo de ojo mirando hacia el patio, donde la luna también iluminaba parte de las hojas de la higuera donde mi padre había confeccionado un columpio tan largo ,pero tan largo, que cada vez que me columpiaba sentía que el cielo topaba con mis pies ,los que al mecerme hacia arriba y hacia abajo, estiraba con fuerza , punteando el espacio queriendo tocarlo..
En los días de sol, mi abuela dejaba secar los choclos, los colocaba en el techo, o mejor dicho, los tiraba, y decía que luego, cuando estuvieran secos haría polenta...con lo que me gustaba la polenta!. Allí cerca de donde mi abuela tiraba los choclos, en un techo de zinc,.detrás de mi higuera, había una muralla de adobe,con lindas tejas que sí las quisieran los que hacen casas!, aquella muralla blanca, la que alcanzaba a ver desde mi ventana, cada vez que la luna iluminaba, a mi me parecía que era más blanca y brillante, pero la verdad, nunca me llamó la atención hasta un buen día.
Amanecí un domingo, cantando, siempre lo hacía, jugué toda la tarde, después de almorzar la polenta de mi abuela, puaj!. Esa tarde me columpié mucho, hasta quedar con mi estómago tan revuelto que corrí hacia el baño y se podrán imaginar que pasó.
Pasó el día, el domingo, el que fue eterno para mí. Eran ya las 9 de la noche, tenía que ir a la cama, cepillé mis dientes, arreglé mi bolsón y me acosté mirando otra vez la luna, y también a mi gato , que estaba en el techo y que nuevamente lamía sus patas mirando de un lado a otro con una tranquilidad y serenidad, que sólo los gatos transmiten con su infinita indiferencia. Nada más al pegar un ojo, me sobresaltó un ruido, venía del patio; y, al principio creí que eran los movimientos de más gatos rondando, !ay dios mio! que querrán estos gatos me dije?, tal vez un poco de leche les contentará y así no molestan a mi "sorete",- pobrecito, nombre que le fuí a dar!, - después de grande supe el significado de aquel nombre....ejemmm, "no les diré aquí , sólo busquen en algún diccionario ".
Saqué unpoco de leche del refrigerador, sentía mis pies tan helados que quise volver a mi cama, abrí la puerta que daba al patio, y sentí cómo el barro , el que se había formado a la salida gracias a una llave goteando, cómo traspasaba entre mis dedos resbalándose por mis plantas de pies impidiendo que mi caminar fuera más fácil y liviano. Mi " Sorete" no estaba, ni tampoco los otros gatos, estaba todo en silencio, ese silencio de los años 60 que ya nunca volverán a sentirse en la capital. Como no ví nada, comencé a volver a mi cama, caminé con dificultad, ya que mis pies estaban aún llenos de barro, y ni pensar cuando mi madre los viera al otro día cuando me levante al cole y descubriera las sábanas inmundas. Al volver, atisbé algo que brillaba cerca de la higuera, con mi corazón saltando de susto y con tanto nervio que casi me hice, quise ir a ver qué era lo que brillaba. Llenando más aún mis pies de lodo y tierra, fuí fisgona a descubrir mi duda. Entre las hojas de higuera, e higos rociados por doquier, asomaba un zapatito café brillante. Era un zapato extraño, pequeño, que nunca ví , en lugar de cordones tenía broches amarillos, era largo en la punta y muy pero muy roto. Seguí inspeccionándolo , adentro, un papelito decía " "Te espero en el cielo".
II
Que frágil es la vida, además de rápida, de un momento a otro nos cambia. Hace unos días lloré mucho, recibí la noticia de la muerte de un gran amigo...él junto a su señora vendrían a mi casa dentro de 3 días., desde que salieron de vacaciones. Hace tiempo que no lloraba, pues, ese día lo hice..tal vez, los que emprenden antes el vuelo, son libres como los pájaros, son enviados o, elegidos?.
Y si pudiéramos volver atrás, tal vez haríamos mejor las cosas, pero no resultaría porque de lo vivido es lo aprendido, y el último tiempo que nos queda debemos hacer las cosas ya aprendidas y terminarlas a la perfección.
Hoy no andan las torcacitas, pero llegaron los pecho colorado que combinan su cantar con sus coqueteos , piando y cantando, pareciera que el amor es lo único que existiera para ellos, vuelan en pareja y danzan en el aire...observen a los pájaros, ellos entregan tranquilidad, alegría e incertidumbre., son maravillosos los pájaros. Hoy no llegaron los pajaritos, está lloviendo mucho, quizás donde aparcan, donde moran, donde emprenden el vuelo, quizás algunos mueren ...quizás siguen volando pero más profundamente hacia el cielo.
En el sur, donde hoy vivo, aún el aire es purito, aún se pueden desarrollar sueños, disfrutar a la familia, y hacer lo que me viene en gana, yo me hago mi tiempo y siento que el día es un poco más largo, me da el tiempo para observar a lo pájaros , ellos se enamoran, flirtean, se besan y vuelan,libres. Cada día aprendo algo, de todo lo que me rodea , y eso me hace convencerme aún más, que podemos decidir ser felices si queremos.
III
Sentí un torrente de hielo por mi espalda, y otra vez ganas de irme al baño, pero no pude dar un paso ni atrás ni adelante, era como estar pegada al suelo, mis pies llenos de barro se hundían cada vez en la tierra como si me tragara, y lo peor, recuerdo que no podía tampoco abrir mi boca para llamar a mi mamá, o por lo menos gritar , pues el terror invadía mi cuerpo y mi pequeño corazón brincaba como si se fuese a escapar de mi pecho.
Solté el zapato, más bien se cayó de mi mano, pues ya en ese rato estaba casi paralizada. Mis ojos brillaban con la luz de la luna, y era lo único que podía mover de un lado a otro. Miré hacia abajo, y el zapato estaba aún allí, el papel asomaba lleno de barro,pero lentamente fue haciéndose más nítido, como si algo o alguien estuviese limpiándolo. Seguí observando con miedo ya un poco más calmado, mientras sentía como rosaba mi pierna desnuda un dobles de aquel papel escrito subiendo por la orilla de mi cuerpo hasta llegar a mis ojos frente a frente . Se abría inmenso un largo papel ante mí, como un pergamino de la época del Príncipe Valiente, el que con mi dificultosa lectura primaria leí lentamente, dándome éste el tiempo necesario para leer, como si él adivinara que a mi corta edad leería con bastantes sobresaltos de puntos y comas.
Te espero en el cielo, sube al columpio
no tengas miedo, emprende el vuelo
pero....canta cuando vayas subiendo
IV
Ultimamente he estado bastante floja en mis cosas, miro mis pinturas y pareciera que me miran diciéndo....píntame por favor, voy a mi guitarra y ella pareciera que tuviera ojos, y que sentadita en su atril, me esperara pacientemente. Estoy segura que es cosa de darme un pequeño esfuerzo, así como es para todas las cosas en la vida, sólo un esfuerzo y ya estoy pintando, y ya estoy cantando, y ya estoy escribiendo...ultimamente he estado floja, pero de mí, no de mi ángel, mi hija mayor que me llena la vida. Como dije antes, decidí ser feliz, hace ya bastante tiempo, y con esa decisión he cambiado mis colores de oscuros a claros, de negros a blancos, de sepia a amarillos, y, así, sin saber, sin siquiera darme cuenta, he llegado a una de mis mejores etapas, para mí, la última subida a la cúspide de la vida. La vida y sus tramos, la vida y sus dulces y agraz, la vida y sus enseñanzas, la vida y su avanzar, la vida y su aprender, la vida y tu tolerancia , la vida y su inexorable caminar.
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Logré sacar uno de mis pies , pues el barro ya lo tenía totalmente hundido. Me quedé sin un calcetín, ya que mi madre solía acostarme con ellos por mis pies delicados,ella, mi madre, antes de acostarme, los untaba cuidadosa y cariñosamente con crema , para luego envolver con el calcetín y dejar que la crema actuara hasta el otro día, pero bueno, eso ya no resultaría esa noche, ya que estaba destinada a que el barro y la tierra hiciera estragos en mis pobres pies.
Quise nuevamente gritar a mi madre, o por lo menos decir EYYYY!!!, pero increíble! no me salía la voz!. Miré hacia la pared con tejas, y divisé una pequeña cabecita, no supe si era un niño, una persona, o un animal, pero de algo estoy segura... era alguien o algo cercano a mi.
Caminando sigilosa hacia el columpio y recordando la leyenda del zapato con broches, traté de visualizar a ese algo sentado en la pared, y me fui dando cuenta de que era una cabecita con dos cachos, pero, a más mirar no eran cachos, sino dos trencitas amarradas a los lados de cada oreja de una persona. Me acerqué más aún, ya no sentí miedo, saqué algunas hojas de la higuera que me estorbaron el paso, y sentí cómo la luz de la luna iluminó mi rostro como si me lo hubiese convertido en plata. Al darme vuelta para mirar a esta persona de nuevo , ésta ya no estaba, en su lugar había un pájaro.
Me desperté temprano ese día de Diciembre, tendría visitas a almorzar y no debía atrasarme. Busqué algo de ropa en mi armario, algo que combinara con una blusa que jamás me ponía, una de color verde, color que encontraba no resaltaba a mi tono moreno de mi piel, sino al contrario, me hacía ver más oscura y pálida.
El día estaba maravilloso, buen día para almorzar en el patio, debajo del parrón. Armaría una mesa larga y esperaríamos a nuestros amigo que venían de la capital.
Mi esposo ya tenía la carne lista, debíamos ponerla 3 horas en el horno de barro. Corrí al baño, peiné mi poco cabello crespo, me maquillé , ruboricé mis mejillas y le dí carmesí a mis labios y me fuí junto a mi esposo para esperar a nuestros amigos con una copa del mejor vino.
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V
El pájaro, el cual era de un azul intenso, pareciera que me miraba tan fijamente como casi un lanzador de cuchillos que tiene lista a su presa. Movió la cabeza de un lado a otro, abrió sus alas, que, hicieron saltar mi corazón cuando quiso volar, pues sus colores eran de un azul brillante, lo que alcancé a ver con el claro de luna que había esa noche de Diciembre...Diciembre?
El Pájaro azul , del cuento de Maurice Maeterlinck, que mi papá también nos contaba para quedarnos dormida había estado allí, en mi casa, bajo la Higuera sobre la pandereta de panes de adobe al final de nuestro pequeño patio.
Me quedé pensando, con análisis inconscientes de infancia, no supe que hacer, con mi pie´embarrado, sin calcetín y con el pijama absolutamente sucio. Qué haría!, no puedo ir a acostarme así!. Me volvía buscar mi calcetiín, el que de pronto recordé que no existía...porque yo estaba descalza, pero, estaba enterrado en el lodo, no pude sacarlo,parecía estar incrustado en el barro, el que de a poco comenzó a formarse en tierra, y con mi calcetín dentro.
Todo era como si no hubiese habido nunca barro, ni charcos, ni pájaro, ni zapato con broches, era mi patio normal al cual la luna había dejado de iluminar.
Faltaba poco para la pascua, tendría mis primeros regalos en los pies de mi cama como era costumbre. El episodio del pájaro, del calcetín y el zapato quedaron atrás, ya habían pasado unos dos años, y como niña , volví a mi vida de muñecas cuentos y juegos. Día a día mi imaginación crecía, armaba cuentos, canciones y bailaba durante el día.
La noche de Navidad, me dormí temprano, deseaba que mis regalos estuviesen pronto en los pies de mi cama. Mis padres daban vueltas por la casa. Mi padre fumaba en su escritorio, tenía que entregar una historia para el día hábil que se avecinaba. Mi mamá, limpiaba la cocina, con un tremendo terremoto de ruidos que al fin, me quedé dormida como si fuera ese alboroto de ollas unas dulces campanitas para mi dulce sueño.
Miré por mi ventana hacia el patio. Ahora se reflejaba la luna en la pequeña piscina que mi papá había construído junto a un maestro. Me quedé tranquila, mirando el cielo desde mi ventana. De pronto, tres golpes me hicieron saltar junto a los latidos de mi corazón. Miré, nadie. Me levanté descalza, era verano, llegué a la higuera y a la linda muralla de adobe, el columpio se movía como si un niño había abandonado recién el juego de columpiarse.
(en construcción, imaginando para mi y para uds.)
(en construcción, imaginando para mi y para uds.)
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